WATCHMEN dentro de los Mejores Libros del Siglo XX

Watchmen un reflejo de la época Hablar de “Watchmen” como cómic es hablar de, posiblemente, la obra en viñetas más compleja de leer y describir. Su guión es multiangular y su...

Watchmen un reflejo de la época

Hablar de “Watchmen” como cómic es hablar de, posiblemente, la obra en viñetas más compleja de leer y describir. Su guión es multiangular y su propósito se va desplegando a medida que el cómic avanza, partiendo de una premisa o “macguffin” engañosamente clásico como es la investigación de un asesinato por parte de una serie de superhéroes.

Que esta obra fuera publicada en USA a mediados de los años 80 (entre 1986 y 1987) justifica dos de sus más relevantes contenidos.

Primeramente, el miedo al holocausto nuclear entre la OTAN y el Pacto de Varsovia que tanto atemorizaba a la sociedad occidental por aquella época de fricción entre las administraciones de Ronald Reagan y Leonid Brézhnev.

Este contexto de amenaza global, ahora poco entendible para gente más joven, se aprecia a lo largo de multitud de productos audiovisuales de esta década, como son los largometrajes “Juegos de Guerra”, “D.A.R.Y.L.”, “Top Gun” o la propia “Watchmen”.

El segundo punto relevante de este cómic es su propósito de análisis y deconstrucción de un género, el de superhéroes, que en ese momento para Moore ya había aportado todo lo posible a la industria a lo largo de 40 años.

Moore entiende que el género no da más de sí narrativamente, y decide con “Watchmen” desgranar su funcionamiento interno y llevarlo al extremo más realista, a modo de canto de sirena final.

Por suerte para la propia industria, lo que me Moore provoca con “Watchmen” no es la certificación final de la muerte de un género, sino todo lo contrario: su reactivación como medio popular de enfoque maduro, al demostrar con su guión que un cómic también puede ser vehículo de historias maduras.

Concebida como una mini-serie

Concebida en su momento como una mini-serie de 12 entregas mensuales de 24 páginas, “Watchmen” iba a ser un cómic de superhéroes editado por DC, que utilizaría a los personajes que habían absorbido de la editorial Charlton –empresa fagocitada por DC Comics, en una estrategia repetida muchas veces y que ha ido incrementando el universo de personajes que hoy en día conocemos.

Rápidamente, DC le pide a Alan Moore que se invente a los protagonistas de “Watchmen”, al comprobar que el escritor británico pretende matar a varios de ellos a lo largo de las páginas del propio cómic.

Por supuesto, esta medida no sólo no obstaculizó la creación del cómic, sino que, de hecho, lo mejoró y enriqueció, al obligar Moore a inventarse todo un mundo con sus superhéroes de los años 40, de los 60 y de los 80.

Lo que para cualquier otro guionista hubiera sido una tarea absurdamente imposible (“invéntate un panteón de superhéroes propio y autoconsciente que haya existido desde los años 40”), para Moore no es más que una nueva forma de enriquecer su proyecto de cómic.

Algo tan complicado como es contarnos y describirnos a lo largo de 12 entregas un mundo donde llevan actuando superhéroes desde los últimos 30 años no deja de ser para Moore la mejor forma de tener una libertad de movimientos absoluta a la hora de plantearnos sus reflexiones sobre los vigilantes dentro de otra de las grandes máximas del cómic: el mundo “Watchmen” trata de ser el mundo real.

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